Gratuidad Universitaria: por qué se recuerda el 22 de noviembre y cómo transformó la educación pública

"Cada 22 de noviembre, Argentina celebra el Día de la Gratuidad en los Estudios Universitarios, una fecha clave que marcó un antes y un después en la historia educativa del país. Este hito permitió que miles de jóvenes se convirtieran en la primera generación de sus familias en acceder a la universidad."
El día que cambió la educación para siempre
El 22 de noviembre de 1949, en un mediodía cálido de Buenos Aires, el presidente Juan Domingo Perón, junto al ministro de Educación Oscar Ivanissevich y el ministro de Hacienda Ramón Cereijo, firmaron en el Salón Blanco de Casa Rosada el decreto Nº 29.337, que eliminó el cobro de aranceles en todas las universidades públicas del país.
La decisión había sido anticipada meses antes, el 20 de junio de 1949, durante un acto en la ciudad de Rosario, donde Perón anunció: “Desde hoy quedan suprimidos los aranceles universitarios, de modo que la enseñanza sea gratuita y accesible para todos los jóvenes argentinos que desean educarse para el bien del país”.
Según los considerandos del decreto, la medida buscaba derribar las barreras económicas que impedían la formación superior de miles de estudiantes. El Ministerio de Educación remarcó que la gratuidad se integraba a los principios del Primer Plan Quinquenal (1947–1951) y a la inminente reforma constitucional de 1949, eliminando gravámenes que limitaban el acceso a la universidad.
Cómo era el sistema universitario antes de la gratuidad
El historiador Pablo Buchbinder, coordinador del Programa de Historia y Memoria de la Universidad de Buenos Aires, recuerda que en aquel entonces Argentina contaba con seis universidades públicas: Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Tucumán, Litoral y Cuyo. También estaba en conformación la Universidad Obrera, aunque aún no era considerada dentro del sistema tradicional.
Por aquel tiempo, no existían universidades privadas que otorgaran títulos habilitantes, pero aun así, estudiar implicaba pagar aranceles. Estos variaban según la carrera: eran más altos en Medicina, Ingeniería o Arquitectura, mientras que resultaban más bajos en las disciplinas humanísticas.
Primeros intentos y debates históricos
La discusión sobre la gratuidad universitaria tenía antecedentes previos. Ya en julio de 1918, durante el primer Congreso de la Federación Universitaria Argentina en el marco de la Reforma Universitaria, el tema fue planteado, aunque sin aprobación.
En 1936, estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata volvieron a impulsarlo. Y en 1947, durante los debates por una nueva ley universitaria, la propuesta volvió a escena.
Un cambio que democratizó las aulas
Aunque los aranceles no eran extremadamente altos, la gratuidad permitió una expansión inédita del sistema universitario. Buchbinder explica que, gracias al decreto de 1949 y luego a la ley 14.297 de 1954, comenzó una etapa de crecimiento sostenido.
En 1945 había alrededor de 47.000 estudiantes universitarios. Para 1955, esa cifra ascendió a 138.000. Este aumento se debió también al acceso creciente de mujeres, que hasta ese momento habían estado relegadas en su participación.
Idas y vueltas a lo largo de la historia
La gratuidad no estuvo exenta de conflictos. En 1967, durante el gobierno militar de Juan Carlos Onganía, se dictó una ley que permitía restringir la gratuidad a quienes aprobaran un mínimo de materias, limitando el derecho establecido en 1949.
En 1973, con el tercer gobierno peronista, la gratuidad fue restituida. Sin embargo, en 1980, la dictadura instalada en 1976 volvió a imponer aranceles.
Recién en diciembre de 1983, con el retorno de la democracia bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, los aranceles fueron eliminados nuevamente y la gratuidad quedó restablecida. Aun así, la discusión reaparece periódicamente en la vida política argentina.
Apoyos históricos a la educación gratuita
La gratuidad universitaria recibió el respaldo de grandes científicos, investigadores, artistas y figuras públicas.
- Bernardo Houssay: “La gratuidad universitaria es justa y necesaria. Permite que los mejores talentos lleguen a la ciencia”.
- Luis Leloir: “Gracias a la gratuidad, muchos de mis colaboradores son hijos de obreros”.
- Eduardo Braun Menéndez: “El nivel científico no bajó; subió”.
- Mario Bermann (decano de Medicina 1949–1955): “Nunca hubo tantos médicos formados en el pueblo”.
- Venancio Deulofeu: “Hoy tengo investigadores primera generación universitaria gracias a la ley del 49”.
Artistas y personalidades públicas también la señalaron como un logro social inmenso:
- Luis Sandrini: “Gracias a la gratuidad, mi hijo pudo ir a la facultad”.
- Tita Merello: “Una piba del arrabal ahora puede ser doctora sin pagar un peso”.
- Olinda Bozán: “Veo chicos de la villa estudiando ingeniería. Eso no lo borra ningún golpe”.
- Mirtha Legrand: “Muchos colegas mandaron a sus hijos a la universidad gracias a esa ley”.
Un derecho que sigue marcando generaciones
La gratuidad universitaria permitió que millones de argentinos accedieran a la educación superior, transformando sus historias familiares y aportando al desarrollo científico, profesional y cultural del país.
A más de siete décadas de aquel decreto histórico, la defensa de la universidad pública gratuita continúa siendo un componente central del debate educativo y social en Argentina.

